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Trabajando con las grandes empresas
En el tiempo anterior a la pandemia, tuve la oportunidad de trabajar en representación de la comunidad hispana en la industria de la construcción en Washington DC y conocí personas muy interesantes que trabajan para las grandes compañías americanas. Fue una experiencia muy enriquecedora. Una de primeras cosas que escuché decir acerca de los Hispanos, es que son muy trabajadores, pero necesitan ser más formales.
¿Más formales? ¿Qué quieren decir con esto?
Quieren decir que a pesar de que reconocen que la empresa hispana hace un buen trabajo en terreno, presenta serias deficiencias en el trabajo de oficina. Ya sabe: envío de facturas precisas y a tiempo, estimados que incluyan todos los costos, procesamiento de W-2 y 1099, manejo de lien waivers, adquisición de pólizas de seguro apropiadas, bonos y otros.  
La mayoría de los empresarios que conozco, que son muchísimos, inician sus negocios realizando todas las actividades, bien porque no cuentan con los recursos para contratar personal o por que el personal que tienen no está suficientemente capacitado y no pueden delegar. Pero a medida que el tiempo pasa, el empresario se ve en la posición de poder elegir los trabajos que prefiere realizar y deja de lado aquellos que son menos profitables o implican riesgos mayores. Es en esta etapa, en que muchos aspiran a trabajar como subcontratistas para las grandes compañías. Pero sólo el hecho de querer trabajar en grandes proyectos no implica que estén calificados. El proceso de aplicación es bastante extenso y requiere la presentación de muchos documentos. El mayor temor de las grandes compañias de construcción (GC por sus siglas en Inglés), es que el subcontratista no esté suficientemente calificado o no tenga la solvencia económica que se necesita para poder completar un trabajo. El peor escenario desde su perspectiva es que a media obra el subcontratista se declare insolvente y no pueda terminar el trabajo, con todas las demoras e inconveniencias que esto implicaría para todo el proyecto.
Muchas son las historias de pequeños subcontratistas que han visto explotar sus ventas cuando empiezan a trabajar en un proyecto grande. Pero al aumentar las ventas, aumentan también los problemas, los que pueden ser muy caros si no se está preparado para el cambio. Uno de los principales errores de los empresarios hispanos es no entender que sus responsabilidades han cambiado y seguir haciendo las mismas cosas que cuando tenía proyectos más pequeños. Por ejemplo, si hacía el trabajo en terreno antes, va a continuar haciéndolo sin darse cuenta de que sus funciones ahora son las de organizar los empleados, controlar que los trabajos se realicen a tiempo, en orden y dentro de los costos establecidos en el estimado para no perder dinero. También debe de preocuparse que las facturas sean enviadas a tiempo y de acuerdo con los requerimientos del GC, porque una factura enviada tarde o una que sea rechazada, puede implicar demoras de semanas en el recibo del dinero, tiempo en el cual no va a poder pagar los salarios de sus trabajadores o comprar material, a menos que tenga un dinero ahorrado en algún lugar. Además, el subcontratista debe de preocuparse de realizar los pedidos de material considerando el tiempo de entrega para evitar que se produzcan demoras y, por si fuera poco, debe de buscar otros proyectos para mantener a sus empleados ocupados, o de otra forma ellos se terminarán buscando otro empleo.
Otro aspecto muy importante que vale la pena mencionar es que, el subcontratista debe de cuidar que sus empleados no cometan errores. Los errores cuestan dinero y a veces, mucho dinero. Me contaba la otra vez un conocido que trabaja en la construcción, que él veía que los trabajadores de origen hispano esperaban que el superintendente de la obra que hablaba un poquito de Español, les describiera el proyecto para que ellos pudieran hacer su trabajo. ¡Imagínese, el superintendente (que es una persona muy ocupada) tenga que tomar de su tiempo para explicarle no al subcontratista sino a sus empleados donde van las puertas, las ventanas o los closets! Y también mi conocido me contaba, que el veía que muchas veces situaciones obvias eran causa de gran conflicto, por ejemplo, las puertas que se abren a la derecha en el plano, ahora se abren para la izquierda en el terreno. Piense un momento en el tiempo y el costo de instalar, desinstalar, reparar el marco y la puerta y volver a instalar. Eso sin contar que en el proceso la puerta o el marco se podrían haber arruinado y hay que comprarlos de nuevo.
Todo esto parece una locura, pero me fue confirmado por otros contratistas por lo que asumo es la realidad de muchos, y viene a ratificar que el deseo de trabajar con las grandes compañías no significa que se esté preparado para hacerlo. Y aun cuando el subcontratista como individuo se sienta listo no implica que sus empleados lo estén. Es aquí cuando la capacitación se vuelve indispensable en el proceso de preparación. ¡Ay, no que la educación es cara! me dijo alguien un día, como si mandar un estimado mal calculado o hacer las cosas mal por no saber, no tuviera ningún costo.  

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